viernes, 29 de junio de 2007

Jaime Ponce

Leewenhoek

En este capitulo me parece que nuestro personaje se hacia la pregunta que todos nos hacemos y que nadie aun a obtenido la respuesta; quienes somos? de donde venimos? como llegamos aquí? Existe vida extraterrestre? Etc.- pero en este caso Antonio Van logro sin quererlo (como casi gran parte de los grandes y totalmente utiles descubrimientos) dar quizá la respuesta a algunas de estas preguntas al descubrir un maravilloso mundo microscópico. Claro que como todo lo que nos es desconocido nos trae dudas y en lugar de darnos respuestas nos trae mas muchas mas preguntas, es justo lo que le ocurrió a Van y los demás científicos, filósofos etc., de esa época, ya que inmediatamente comenzaron a buscar mas y mas respuestas logrando encontrar como en todo, lo bueno y lo malo de estos organismos. Desde que supo de ellos hasta su muerte, siguió firme en sus investigaciones.

Pero… quien fue Antonio Van Leeuwenhoek, pues nada más y nada menos que una persona que cuando chico era alguien común y corriente aunque dicen que en esos tiempos la real sociedad criticaba mucho a las personas que hablaban holandés y ese es el único que sabia. Por tanto lo tachaban más, de corriente que de común, es en esa época cuando la gente estaba en el punto más alto de la total ignorancia ya que creían que lo que el padre decía (mas bien imponía) era lo correcto y pobre de aquel que dijera lo contrario. Por ejemplo según a Van un día que se enfermo su padre le dijo que era a causa de… “el espíritu de las paperas”. En fin el no se conformaba con aquellos cuentos de espíritus, brujas y demás seres extraños que se les podían ocurrir a sus autoridades, bueno Van trabajo en una tienda de telas, renuncio, se caso y siguió su vida caro que con un enfoque distinto al de los demás un día pensó por que no crear mis propios lentes, ya que le fascinaban, y empezó a crear nuevos diseños, fue tanto su entusiasmo que logro hacer los mejores de todos lo empezaban a reconocer y darle algo de crédito, entre diseño y diseño logro sin quererlo ver unos organismos pequeñísimos a través de este lente fue tal su asombro que indago mas en ellos. Descubriendo así los microbios, fue tal su emoción y sabia que era un descubrimiento asombroso, comenzó a mandar cartas (a sus ya colegas) a la real sociedad, describiendo con detalles lo que el había visto, de inmediato comenzaron las preguntas y la fama entre estos sus colegas, pidiéndole a Van que continuara con sus investigaciones y comunicados. Que gran honor tenían los miembros de la real sociedad en leer las cartas con los detallados descubrimientos del pobre holandés y tendero no? De aquel a quien llamaban incluso lunático por su gran interés en diseñar las lentes más perfectas y que observaba cual cosa se le cruzara enfrente.

En este capitulo PAUL DE KRUIF nos trata de dar a entender y nos hace sentir lo que en este caso Antonio Van vivió al descubrir un mundo tan fascinante y totalmente ignorado en ese tiempo. Hace tan bien una comparación entre otros grandes descubrimientos incluso relaciona a Van con Cristóbal Colon, claro seguramente ambos hicieron el mismo gesto de asombro al tener ante sus ojos maravillas nunca antes vistas, quizá alguno de nosotros estemos a punto de hacer un gesto igual ya que aun nos falta mucho por descubrir, aun somos ignorantes. Volviendo a los descubrimientos de Van, siguió su investigación observando como es que llegaban los bichitos ahí recolectaba agua de todo tipo; encharcada, de lluvia, de arroyos y descubrió que en todas aparecían los mismos, por tanto eran millones de ellos y no dejaba de asombrarse, continuo así, hasta el día de su muerte quien en su lecho, aun le pedía a un amigo que tradujera sus cartas para que los de la sociedad las leyeran. Llego a ser un gran cazador de microbios pero nunca quiso enseñar como hacer sus magníficos lentes ni explicar como un maestro a las personas, ya que dijo que no quería
enseñarle a uno porque tendría que enseñarle a todos y no se sentiría libre, él solo quería continuar con su trabajo con su mundo maravilloso…

Jaime Ponce